jueves, 4 de octubre de 2007

Me ahogo...

Me asfixio y me desato.
Me rasgo la ropa
me apego hacia la ventana
para inhalar un aire menos denso.

Me ahogo
siento que perezco
me sofoco sin aire ni viento.
Abro mis brazos
y extiendo mi mano
sin llegar a palpar
la luz que deseo.

Ansío lo que no tengo
lo que algún día tuve
y de lo que hoy carezco y... anhelo.

No respiro, me revelo,
y aun así, solo escucho a lo lejos,
el aullido del perro apenado.

Llueve sin descanso.
Cae la lluvia como lágrimas
sobre el semblante helado
del perro olvidado.

Atrás quedaron la risas.
Ahora solo quedan llantos,
gemidos, lamentos de habernos equivocado.

Habré olvidado las dulces caricias
de las nubes compactas.
¿Olvidé el olor del suelo mojado?
Dejé de tener en mi memoria
lo que se tenía o se debía tener.
Lo que se olía, o que se sentía.
Lo que veía y que ahora no veo.

Tumbar la razón, ofuscar el entendimiento.
Sucedió sin razón hace tiempo y ya no sucede.

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